Juan Farré articula lo político y lo íntimo en su disco conceptual: Segunda foto al mundo

El tercer álbum del músico mendocino despliega una narrativa ambiciosa y política.

Juan Farré es un cantante y compositor mendocino radicado en Buenos Aires. Además de formar parte de Submarino Colectivo de Solistas, su discografía solista incluye los álbumes Roquestuera de 2008 y La indecisión del mestizo de 2015. Este año publicó un tercer trabajo que se titula Segunda foto al mundo.

“Por un pibe que está empezando a escribir una novela de la cual yo me haga fan en unos años”, así imagina Farré su disco como si fuera un libro. Es que el molde literario le queda bien a un artista que tituló la primera canción de su disco anterior “Parir un cuento”. De hecho, Segunda foto al mundo es el cuento “de un sujeto parado en el medio de un gran terremoto en el que se derrumban todas sus amadas creencias”.

Además, revela el autor, es una apuesta a ese plan B que nace cuando el mapa de la foto original deja de parecerse al territorio. “Si bien todo esto empezó como algo muy personal, luego al mirar por la ventana y ver cómo todo se nos cae a pedazos, se hizo más social, algo que nos concernía y provocaba a todos”. ¿Qué hace el personaje ante el Apocalipsis? “Un poco sonríe. Sonríe porque él mismo originó ese derrumbe”.

“Intro a otro lado” oficia como prólogo del álbum, lo que “se escucha mientras se levanta el telón para una obra real, pero en un teatro imaginario”, como describe el músico. “Todo lo que se vende miente” hace ingresar, en una suerte de mantra bailable feat. Broadway, la consciencia, la gran voz crítica que se mantiene durante toda la obra. “Una historia de amor constantemente interferida por publicidades que nos dan ganas de comprar”, define el músico mendocino. “Mientras, somos todos engranaje en la gilada / Y cuando aprieta sangra”, canta. Desarma los sentidos -el mismo Farré que llevó “Raros peinados nuevos” al piano y al inglés junto a Cameron Douglas (sí, el hijo de Michael)”- y sangra.

Luego aparece “El primer mono que le puso precio a una banana”, en donde Farré trae a la actualidad el espíritu de un clásico de Moris que este año cumple medio siglo. “Lo tuyo es mío y lo mío es mío” se abraza con el “era de todos y ahora es mío”. El autor entiende que “puede que sea un disco político, pero al mismo tiempo todos lo son y no lo son, tal vez. Me intriga esa política que se hace sin saber que se está haciendo”.

Luego de internarse en el afuera, “Desirala” inaugura un escenario de intimidad en el álbum. Cambian las palabras, la voz, la atmósfera y se siente revoloteando la sombra de Submarino Colectivo de Solistas. En este juego de pares que articula la obra, el siguiente tema trae la liberación. “Soy libre acá en mi terraza”, repone con cierta furia en “Inosinte”.

Le sigue “Lo que no”, que cuenta la historia “del tipo que revisó todo el catálogo de la eterna biblioteca de la humanidad tratando de descubrir quién prohibió todo lo que prohibido está”. Ese buscador es una de las caras de Farré, quien se la pasó dando vueltas a las canciones “tratando de encontrar el acorde o la palabra justa todo el tiempo: en el bondi, en el banco, en el dentista”. Incluso, fue más allá. Con el disco casi terminado, decidió “borrar casi la mitad de las instrumentaciones y empezar de nuevo” junto a Leo Costa y Darío Larrondo. “Así pude llegar a que el disco sonara como lo había creado en mi imaginación”.

El tercer acto inicia de forma contundente con “No te guardes en el cielo”. El único título que se vale de la segunda persona y tiene un destinatario claro: Dios. Si para el trovador francés George Brassens, “Dios, si existe, exagera”, en Farré la exageración es inacción y, en definitiva, provocación.

La preocupación y el desamparo se diluyen, por obra del flow, en “Mentes”. “La vida es un parlante / Te enchufás o enchufo yo”, cantan Farré y Lula Bertoldi. La vocalista de Eruca Sativa transformó “una linda canción” en “una bomba del bien”, al punto de que Farré afirmó que si el disco fuera un partido político, “éste sería su slogan”.

El epílogo es “En la vidriera”, un poema contemporáneo con aires raperos. Allí, por momentos, dialogan Farré niño y Farré adulto. “La vida en la vidriera, nosotros afuera” repetida ocho veces parece, finalmente, definir la estrategia del cantautor. La mejor forma de enfocar el afuera caótico y multiforme es volviéndolo cuento.

Fuente: Indie Hoy

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