Trabajo en tiempos de cuarentena: teletrabajo, plataformas digitales y el nuevo paradigma de trabajador

Lxs trabajadores de las App de delivery hicieron paro el pasado miércoles, dando inicio a una etapa en la que probablemente se van a hacer sentir mucho más que antes. Lxs perdedores de la globalización y las víctimas de la automatización hoy son quienes sostienen una economía que está al borde del precipicio. El mito del “empresario de sí mismo” o del “self made man” no podía mantenerse en pie mucho tiempo más. Esta situación deberá servir de lección para recordar cuándo, una vez superada la situación excepcional de la pandemia, se quiera imponer desde algunos sectores a mecanismos como el tele trabajo o home office.

Modalidades que, en la práctica, no redundarán en otra cosa que en excusas para acrecentar la precarización laboral o para una transformación aún mayor de las estructuras productivas de las sociedades capitalistas. Es fácil avizorar una uniformización “para abajo” de las condiciones de trabajo en distintos ámbitos en el corto plazo. Decía Lorey, en Estado de inseguridad. Gobernar la precariedad, que si no entendemos la precarización, no entendemos ni la economía ni la política del presente. El neoliberalismo, es ante todo una racionalidad, controla los modos de subjetivación convirtiendo en instrumento de gobierno la precarización. Para la autora, la precarización significa vivir con lo imprevisible, con el riesgo siempre latente, la incertidumbre y la contingencia, abarcando estas la totalidad de la existencia, los cuerpos y los modos de subjetivación. Ante el peligro del afuera, el imperativo es replegarse en casa. Hoy, mas que nunca, la casa se transforma en el escenario donde transcurren todos los aspectos de nuestra vida.

La tendencia al home office, obligada por las circunstancias, terminó de consolidarse. La cuarentena obligó a que las tareas continúen de manera remota. Se insiste en los pretendidos beneficios que estas modalidades ofrecen: la tan mentada comodidad de trabajar desde tu hogar, el beneficio económico que representa evitar el traslado al lugar de trabajo, la oportunidad de manejar “tus propios tiempos”.

Sin embargo, la contracara presenta ciertas complejidades. Como su nombre en inglés lo indica, la oficina y el hogar comparten lugar físico, y como resultado de esto, se desdibujan los límites que otrora los separaban. La prestación de tareas en un ambiente supuestamente distendido como puede ser el hogar tiene un precio: la atmosfera laboral invade los momentos de ocio. La jornada laboral deja de estar claramente delimitada, nunca se está trabajando / siempre se está trabajando.

Y esto sin mencionar las particularidades que esta modalidad de trabajo presenta en las mujeres, respecto de las cuales la división del trabajo en función del genero les atribuyó todas las tareas propias de lo domestico, pero sin contraprestación económica. Trabajar desde la casa, para las mujeres, no es otra cosa que la superposición de esa histórica doble jornada. Con el agregado de que las actuales circunstancias de encierro agravan el peso de las tareas del hogar, obligan al cuidado de lxs niñxs, a ser el sostén emocional de la familia, a encargarse de los tiempos productivos del hogar, sumadas a las clásicas tareas de limpieza, cuidados, comida…

En todos los casos, la prestación de tareas de manera remota incrementa la confusión de orbitas que antes se diferenciaban claramente, al menos, en los trabajadores en relación de dependencia: el espacio de trabajo, y el espacio familiar o privado. La relación de dependencia, al igual que sucede con los trabajadores de plataformas de delivery, se desdibuja, del mismo modo se desdibuja la fuerza de trabajo y el sujeto trabajador.

Imagen: Lucia Barrera Oro / ANccom

El discurso que busca persuadir de los beneficios del teletrabajo es plenamente compatible con toda una racionalidad que busca desplazar al sujeto trabajador, y erigir como sujeto político al emprendedor, empresario de sí mismo. La dinámica del trabajo desde el hogar es la manifestación más explícita respecto de que la noción de empresa de sí mismo importa una integración de las esferas personales y privadas. Cada uno administra sus propios tiempos. El éxito y fracaso profesional depende de qué tan bien administre el individuo su propio capital humano.

Así, la fuerza de trabajo se sustituye por el capital. Todos somos nuestros propios empresarios. En El Pueblo sin atributos, la autora Wendy Brown señala que cuando todo es capital, la fuerza laboral desaparece como categoría, de igual modo que desaparece su forma colectiva, la clase, y, al desaparecer, se lleva consigo la base analítica para la enajenación y la explotación y hasta la posibilidad misma de la asociación entre los trabajadores.

Ya Karl Marx, en el Fragmento sobre las Máquinas, se refería a como existía una “subsunción formal y real del trabajo asalariado por la tecnología del capital”. Es decir, un “secuestro de la totalidad de capacidad productiva del trabajador”. Allí, el alemán explicaba como: “La naturaleza no construye máquinas, ni locomotoras, ferrocarriles, telégrafos eléctricos. Son éstos, productos de la industria humana: material natural, transformado en órganos de la voluntad humana sobre la naturaleza o de su actuación en la naturaleza.” Marx desarrolla la categoría del general intellect, que se entiende como el desarrollo general de la tecnología se acumula como capital intelectual general de las máquinas, que se convierten en la centralidad, dejando a un costado cada vez más accesorio al trabajador. Debido a esto, los trabajos que van quedando como “necesarios”, son los considerados menos calificados.

La cuarta revolución industrial, que ya venía planteándose, se ha terminado de acelerar debido a lo desatado por el coronavirus. Es probable que se quiera ir incluso más allá de una mera flexibilización laboral. Se buscará cambiar las formas mismas de producción que, en términos marxistas, se encuentran en la base de producción capitalista actual, es decir, la tecnología de la producción. Mientras que antes de la pandemia ya consumíamos y producíamos desde nuestras casas –aplicaciones de delivery, webs de compra-venta, etc.-, la aceleración de estas tendencias darán lugar a una profundización de la mezcla entre los conceptos de ámbitos público-laboral y privado-personal. Esto puede llegar a desembocar en que incluso los trabajos hasta ahora considerados como calificados o asociados con “profesionales”, también sean objeto de precarización, de la misma manera que ya lo son otros oficios desde hace mucho tiempo.

Fuente: La Tinta

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